Como es costumbre de este magnoblog, los espacios temporales, lapsos que le dicen, entre post y post se asemejan a los descampados de mi país. Ir en auto o en autobus (ahora en tren, por qué no) mirando por la ventana y ver toneladas de nada por muchas horas. Supongo que en Australia o Nueva Zelanda debe ser peor, pero como nunca fui me quedo con la comparación local. De repente aparece una casita, o si tenemos suerte un pueblo, y si nos sacamos la lotería una ciudad. La magnitud de la urbanización la deciden ustedes, lectores, al evaluar los posteos. Todo este preámbulo para decir que sí, que ha pasado mucho tiempo, que nadar está muy bien, que ahora que han pasado meses me alegro que mi perro matratador me haya abandonado (hoy en día es una estrella de las redes sociales, faltaba más), que mi nueva casa, aunque amorosa, también es húmeda (sino pregúntenle a los libros, en cualquier momento se vuelven contorsionistas)y que sigo rehén de las fuerzas del mal, es decir, de situaciones cotidianas ridículas y engorrosas que insisten en transformar, lo que debería ser una vida apacible, en un hades, chiquitito e insignificante, pero infierno griego al fin.
Estoy convencida de que hay dos tipos de personas: las que piensan bien y las que piensan mal. Aquellas personas que piensan bien, "positivamente" como insisten los gurúes new age, los budistas y los psicólogos cognitivo-conductictas (¿no son lo mismo?), suelen pasarla mejor, ya que se viven tomando lo que les queda del vaso (ah, no, esa soy yo), perdón, ya que viven mirando lo que queda del vaso. Y, además de no tomarse su contenido, se alegran de que el vaso esté medio lleno. Las personas que piensan mal suelen sufrir porque el vaso esté medio lleno, se concentran en el vacío, y, si tienen suerte, le afanan al amigo, conocido o al de la mesa de al lado el suyo. Porque saben que en algún momento el líquido se va a terminar y qué ansiedad, qué derroche de angustia. Es la misma clase de personas a las que, de chica, se le terminaba la única botellita de cocacola asignada antes de que llegara la comida y pasaban con sed el resto del almuerzo, sin poder decir nada, sufriendo y maldiciendo su suerte, cagándose en sus vivos y en haber nacido antes de que existiera la coca 600.
Claramente, yo formo parte del segundo grupo. No se puede decir que no lo he intentado. He hecho de todo, pero DE TODO, para formar parte del primero. No voy a ahondar en detalles vergonzosos, pero en mi última batalla consistió en rogar que me reprogramaran. Dicen que hay gente que te reprograma, así, como a esta computadora. La respuesta fue impacable: es imposible, usted no puede ser reprogramada. Cuando se le tranque el sistema a lo único que puede acudir es al reset. Y ya.
Hace menos de un año me compré una super computadora, digo, ya que estamos en tema. Pedí muchas opiniones, casi un estudio de mercado hice (después de que se me inundara una laptop, se me incendiara otra y me robaran la tercera, no les digo...) y todos me aconsejaron el milagro de la manzanita. No pienso nombrar su marca, no se lo merece. Y yo, que confío mucho en las opiniones del primer grupo (en general las personas del primer grupo comen manzanas)les hice caso. Invertí en senda computadora y hasta me sentí más feliz. Todo va a estar bien ahora. Este artefacto es como un amuleto, pensé. Esto significa un nuevo comienzo. Las personas que me recomendaron pasarme al mundo feliz, hace años que disfrutan sus computadoras, pero AÑOS eh, y sigue funcionando como el primer día. A mí, que me angustio cuando se me está por acabar el vaso, se me rompió la tecla de enter (no la subestimen, es realmente importante) a menos de un año de acceder al supuesto paraíso. Y, para peor de males, la garantía no me lo quiere cubrir porque, según las mentes-manzanas, se me debe haber caído un líquido (el de mi vaso?) y de eso ellos no se hacen responsables. Lo que en sí mismo es una gran paradoja, claro. Pero cómo explicarle a un técnico que los líquidos no caen en mis teclados, ya que un simple derrame es la muerte. Cómo decirle a un mente-manzana que quizás lo que se le cayó al teclado fue el vacío de mi vaso y no su contenido. Tuve que callar, una vez más, mientras pensaba que, otra vez, las cosas no estaban saliendo como una querría.
Me quedé, nuevamente, sin instrumento de trabajo y ahora escribo desde un pigmeo prestado. Esto en sí mismo no es más que una complicación pelotuda, pero una confirmación de que a la gente del segundo grupo, quienes no pensamos en positivo, las cosas suelen salirnos torcidas.
El otro día me tomé un taxi. Hasta hace tres días era una gran defensora de los tacheros yo. Tengo una amiga, que ahora se fue del país, creo que en parte por su odio al gremio, que no paraba de despotricar contra estos choferes que te sacan de los peores apuros. Yo respiraba hondo y le decía cosas como: la calle es dura, andá a vos a manejar un taxi y después me decís, hay que ver cada cosa, laburar horas y que te garpen mal, no tener cambio porque recién empezaste el día y no tenés un mango, que dos por tres te maten, etc. Esa era yo hasta hace tres días. Una tipa con conciencia social, abogada de las víctimas aurinegras. Pero el otro día, me pasó sólo lo que le puede pasar a alguien que forma parte del segundo grupo. En vez de robar, o matar o raptar a un tachero (cosa que pasa seguido, hacen paro por eso), un señor que manejaba un taxi salió corriendo con mi valijita verde. Sí. Le pagué, me bajé y el tipo arrancó con mi equipaje que estaba en el lado del acompañante. Lo que sigue a esto es todo un operativo policial que por supuesto no terminó en nada, pero me puso en contacto con agentes de la cuarta, seguridades de tres cruces y la ineficacia de las cámaras de seguridad de una terminal. Yo nunca tuve esperanzas, faltaba más, pero como no puedo ser reprogramada, quedé atada al vacío. Al vacío de mi valijita verde, de lo que en ella contenía, y a la confirmación de que, cuando una no forma parte del primer grupo, la cosa se pone negra.
Y las tetas no tienen nada que ver acá, tenía un par de sutienes en la valija nada más. Están en el título sólo para captar audiencia.
ranchoapart
Crónicas de una mutante
miércoles, 14 de septiembre de 2011
martes, 3 de mayo de 2011
A mover el culo: una vida a través del deporte
Abro el paraguas y digo que se me ocurrieron paratextos mucho más ingeniosos o atinados para este post pero me di cuenta que si pongo tetas, culos o sexo en los títulos, la gente se interesa más por estos escritos. Es así, cuestión de mercadeo. A partir de ahora todos los post estarán precedidos por este tipo de palabras.
Hoy fui a anotarme a un club para nadar que queda cerca de donde trabajo. Me pareció una idea brillante ya que me encanta nadar, de hecho es el único deporte que disfruto, y eso de que quede cerca de algún lugar me deja con pocas excusas. Porque las excusas están siempre. Además era el club al que asistía cuando era chiquita, lo que pareció casi poético y una "señal". Cuando salía del club con hora para la ficha médica y eso me dije: "ta Juana, este es tu lugar, aquí te quedarás un tiempo, esto va a funcionar". Fue muy importante para mí repetir mentalmente estas palabras ya que me he pasado la vida buscando deportes, he probado de todo, soy lo que se dice una Buscadora del Movimiento Adecuado. Creo que podría escribir una guía sobre los centros de deportes, gimnasios, centros de danza, dojos y etc de esta ciudad. Como me considero una servidora, hoy les voy a hacer un resumen de los deportes que he practicado y mis experiencias para que ustedes, lectores de tetas y de culos, puedan elegir el que más les convenga.
Infancia
Mi primera manifestación de la búsqueda del movimiento adecuado fue en la escuela cuando quise hacer gimnasia rítmica, que es una gimnasia super cursi con mallas, cintas y pelotas. Por alguna razón que desconozco la gimnasia rítmica se había puesto de moda y yo quería participar de eso. Mis compañeritas, que ya practiban gimnasia olímpica (personas que para mí eran extraterrestres, yo no podía ni con las vueltas carnero) eran unas capas en la materia. Todo lo que recuerdo de la gimnasia rítmica es lo siguiente: había que coordinar cosas, subirse a una barra, tirar la pelota, no caerse de la barra, mientras que estaba la pelota en el aire tirar la cinta, sonreír, agarrar la pelota, agacharse, saltar, cinta, pelota, barra, sonrisa, piernas, brazos. O por lo menos así lo capté yo en su momento. De más está decir que yo no podía ni con la pelota, que me caía de la barra, la cinta se me hacía un ovillo cada vez que quería que flotara y tengo un problema genético que me impide sonreír y saltar al mismo tiempo. Como era una niña realista y aún me quedaba algo de dignidad, pedí que me sacaran de esa tortura. Primera cruz en la lista del Movimiento Adecuado. Ok, no iba a ser una gimnasta rítmica.
Duración de la pasión: 6 meses aprox.
En el interín volví al club a hacer piscina que siempre fue algo así como mi "valor refugio".
Luego tuve unos patines: sobre esto no voy a comentar mucho porque es muy vergonzoso. Sólo puedo decir que me lastimaba mucho. Con los de cuatro ruedas la llevaba bastante bien, pero cuando vinieron esos patines satánicos de una línea dejé de patinar. Si alguna amiguita me invitaba a
patinar yo proponía la bici o una película.
PRE-ADOLESCENCIA Y ADOLESCENCIA.
Luego vino el deporte amigo de tantas adolescentes de colegio privado: el querido y mentado hockey sobre cesped, una actividad que, a pesar de las polleritas cortas, es violento, poco femenino y muy rudo. Genial, no? No. Para mi el hockey (y para mis compañeritas) fue una verdadera escuela del fracaso. Nos impusieron el deporte inglés en un colegio que es conocido por no estimular ningún deporte y cuando ya era tarde. Estábamos crecidas, poco acostumbradas a andar corriendo por ahí y teníamos muy poco desarrollados los reflejos. El resultado fue una catástrofe pero una experiencia muy formadora: casi seis años de perder sistemáticamente partidos, torneos, campeonatos. Pero nosotras insistíamos, casi de manera masoquista, y seguíamos presentándonos, nos arengábamos, dos dábamos fuerza, teníamos cánticos... Incluso llegamos a viajar. Qué desgaste. El entusiasmo nos duró hasta que empezamos a beber y fumar, de pronto eso de despertarse un sábado para las prácticas dejó de ser una buena idea. Fin de la tortura y comienzo de la verdadera adolescencia. Otra tortura.
ADOLESCENCIA MISMO:
Como soy una tipa perseverante, por lo menos en lo referente a la búsqueda del movimiento adecuado, y estaba pasando por una etapa muy frívola de mi vida, desdeñé los clubes sociales y empecé una especie de viaje de Ulises por todos los gimnasios de mi barrio. Me inscribía en uno, me aburría como un hongo o me sentía un elefante saltarín. Me iba. Al mes, como me daba vergüenza volver al mismo, me inscribía en otro, más elefante, más vergüenza, más odio hacia las nenas de calzas que les salía el step y el no sé qué. Me iba, y la jodita de los gimnasios y sus respectivos abandonos duró, como quien no quiere la cosa, un par de años. Después maduré y acepté que los gimnasios no son lugares para mí. Es más, estoy moralmente en contra de los gimnasios y nunca sería amiga de mis compañeras de gimnasia. Nunca sé qué decir en el vestuario, las profesoras me sacan de quicio con sus grititos (todas tienen voces agudas) y ni hablemos de la música.
Volví a nadar.
POST-ADOLECENCIA
Después de salir del período frívolo hice una especie de cambio rarísimo y me transformé en algo así como una grunge que le buscaba un sentido a las cosas (a TODAS las cosas), incluso al deporte: gran error. En esa época visitaba un diván varias veces por semana, estudiaba literatura, y andaba disfrazada de algo que mi madre caracterizó un día como "perro de carrito". Gracias mamá. Pero seguía con mi afán de movimiento y me pareció que la danza contemporánea podía colmar mis intereses. Era ejercicio, pero era expresivo, me iba a conectar con mi cuerpo y sacarme tanto de lo mental, bla bla bla. Caí en un prestigioso centro de danza contemporánea haciendo una cosa que se llama "armonización y danza". Otra vez, Juana: error.
Era, básicamente, expresión corporal con música, personas con pañuelos y calzas de colores, todas conectadas (o intentando) con su cuerpo, su alma, su aura, mucho toqueteo entre todos (las clases eran mixtas) mucho dejate ser y la puta que los parió. Como estaba en plena búsqueda del Sentido del Ser, me obligué a entender de qué iba la movida y yo también a conectarme con no sé qué. Estuve un año y algo hasta que me ofrecieron tomarme mi propio pichí como manera de purificación. Sí, tiene un nombre, se llama urinoterapia y todo tiene un límite. Chau danza o lo que diablos fuera eso que estaba haciendo.
Me puse a estudiar de verdad, como una posesa, me dejé de estupideces y arranqué yoga, que no es un deporte pero es una práctica maravillosa que recomiendo a todo el mundo.
JOVEN ADULTA
Me fui del país: chau yoga :(
En mi patria putativa volví a mi valor refugio: la piscina. Y ahí descubrí las piscinas públicas, que son un invento que en nuestro país no existe más pero que debería. Muy accesibles y hay una en cada barrio. Así me pasé años, disfrutando del nado. Hice una breve incursión (no puedo con mi genio) por la danza africana que, para mi propio asombro, es uno de los deportes que más se adapta a mis gustos. Estás bailando, moviéndote como una demente y nadie te habla de flores de bach ni de brotes de soja. Puro ritmo y tierra. Excelente. Hay que importarla con urgencia.
Volví al país: chau danza africana, chau piscinas públicas :(
Hola yoga :)
Después chau yoga :( (me mudé)
Me puse a leer sobre artes marciales y, como siempre, me iluminé (otra vez). Lo que yo tenía que hacer ERA AIKIDO! Increíble que no se me hubiera ocurrido antes. Encontré un dojo cerca de casa y arranqué con la ilusión de volverme menos ansiosa, más sabia, más flexible, más tolerante, con mayores reflejos. En fin, había encontrado la solución a mis problemas y además ya era una experta en el arte marcial japonés; me leí todo lo que pasó por mis manos. Los primeros meses me lastimé mucho y después me agarré una enfermedad fiera (no por el aikido) y tuve que abandonar toda actividad física. Chau aikido, el gusto fue todo tuyo. Eso sí, decidí que si tengo hijos, los voy a mandar a aikido desde chiquitos y ahorrarles el sinuoso camino que tuve que atravesar. Además seguro que si hacen aikido desde chicos les va a ir bárbaro en la vida y no se van a acercar a las drogas.
Después de que me recuperé de la enfermedad que casi me lleva puesta (tema para otro post), de la que salí más sabia al experimentar mi propia mortalidad (mentira), digamos que achiqué un poco con la búsqueda del movimiento adecuado y volví al valor refugio un tiempo. PERO, la sabiduría me duró poco y volví a iluminarme. Lo que yo tenía que hacer SEGURO era PILATES. Y no solamente pilates, si no que me tenía que despertar a las 8 de la mañana para hacer pilates! Brillante! Duré un mes... Recomiendo el pilates igual, las chicas quedan divinas cuando hacen pilates (más de un mes).
Como soy una lumbrera y no paro de tener ideas excelentes, me pareció que, a lo que tenía que volver, era a la gimnasia... O sea, retrocedí algo así como 10 casilleros y volví a tropezarme con la misma piedra, casi doce años después. Lo único bueno que resultó de eso fue... nada. Experimenté todo otra vez como cuando era adolescente. Un día estaba haciendo bicicleta fija (dios, qué es eso!) mientras el profesor-dictador me controlaba y cuando no habían pasado ni cinco minutos, le digo al tipo: "fa, sabés que me acabo de acordar de algo y me tengo que ir". Y no volví nunca más.
Y ahora, amigos, luego de esta larga, traumática y negadora travesía, he vuelto a nadar. No hay nada como un viejo conocido. Hasta nuevo aviso.
Hoy fui a anotarme a un club para nadar que queda cerca de donde trabajo. Me pareció una idea brillante ya que me encanta nadar, de hecho es el único deporte que disfruto, y eso de que quede cerca de algún lugar me deja con pocas excusas. Porque las excusas están siempre. Además era el club al que asistía cuando era chiquita, lo que pareció casi poético y una "señal". Cuando salía del club con hora para la ficha médica y eso me dije: "ta Juana, este es tu lugar, aquí te quedarás un tiempo, esto va a funcionar". Fue muy importante para mí repetir mentalmente estas palabras ya que me he pasado la vida buscando deportes, he probado de todo, soy lo que se dice una Buscadora del Movimiento Adecuado. Creo que podría escribir una guía sobre los centros de deportes, gimnasios, centros de danza, dojos y etc de esta ciudad. Como me considero una servidora, hoy les voy a hacer un resumen de los deportes que he practicado y mis experiencias para que ustedes, lectores de tetas y de culos, puedan elegir el que más les convenga.
Infancia
Mi primera manifestación de la búsqueda del movimiento adecuado fue en la escuela cuando quise hacer gimnasia rítmica, que es una gimnasia super cursi con mallas, cintas y pelotas. Por alguna razón que desconozco la gimnasia rítmica se había puesto de moda y yo quería participar de eso. Mis compañeritas, que ya practiban gimnasia olímpica (personas que para mí eran extraterrestres, yo no podía ni con las vueltas carnero) eran unas capas en la materia. Todo lo que recuerdo de la gimnasia rítmica es lo siguiente: había que coordinar cosas, subirse a una barra, tirar la pelota, no caerse de la barra, mientras que estaba la pelota en el aire tirar la cinta, sonreír, agarrar la pelota, agacharse, saltar, cinta, pelota, barra, sonrisa, piernas, brazos. O por lo menos así lo capté yo en su momento. De más está decir que yo no podía ni con la pelota, que me caía de la barra, la cinta se me hacía un ovillo cada vez que quería que flotara y tengo un problema genético que me impide sonreír y saltar al mismo tiempo. Como era una niña realista y aún me quedaba algo de dignidad, pedí que me sacaran de esa tortura. Primera cruz en la lista del Movimiento Adecuado. Ok, no iba a ser una gimnasta rítmica.
Duración de la pasión: 6 meses aprox.
En el interín volví al club a hacer piscina que siempre fue algo así como mi "valor refugio".
Luego tuve unos patines: sobre esto no voy a comentar mucho porque es muy vergonzoso. Sólo puedo decir que me lastimaba mucho. Con los de cuatro ruedas la llevaba bastante bien, pero cuando vinieron esos patines satánicos de una línea dejé de patinar. Si alguna amiguita me invitaba a
patinar yo proponía la bici o una película.
PRE-ADOLESCENCIA Y ADOLESCENCIA.
Luego vino el deporte amigo de tantas adolescentes de colegio privado: el querido y mentado hockey sobre cesped, una actividad que, a pesar de las polleritas cortas, es violento, poco femenino y muy rudo. Genial, no? No. Para mi el hockey (y para mis compañeritas) fue una verdadera escuela del fracaso. Nos impusieron el deporte inglés en un colegio que es conocido por no estimular ningún deporte y cuando ya era tarde. Estábamos crecidas, poco acostumbradas a andar corriendo por ahí y teníamos muy poco desarrollados los reflejos. El resultado fue una catástrofe pero una experiencia muy formadora: casi seis años de perder sistemáticamente partidos, torneos, campeonatos. Pero nosotras insistíamos, casi de manera masoquista, y seguíamos presentándonos, nos arengábamos, dos dábamos fuerza, teníamos cánticos... Incluso llegamos a viajar. Qué desgaste. El entusiasmo nos duró hasta que empezamos a beber y fumar, de pronto eso de despertarse un sábado para las prácticas dejó de ser una buena idea. Fin de la tortura y comienzo de la verdadera adolescencia. Otra tortura.
ADOLESCENCIA MISMO:
Como soy una tipa perseverante, por lo menos en lo referente a la búsqueda del movimiento adecuado, y estaba pasando por una etapa muy frívola de mi vida, desdeñé los clubes sociales y empecé una especie de viaje de Ulises por todos los gimnasios de mi barrio. Me inscribía en uno, me aburría como un hongo o me sentía un elefante saltarín. Me iba. Al mes, como me daba vergüenza volver al mismo, me inscribía en otro, más elefante, más vergüenza, más odio hacia las nenas de calzas que les salía el step y el no sé qué. Me iba, y la jodita de los gimnasios y sus respectivos abandonos duró, como quien no quiere la cosa, un par de años. Después maduré y acepté que los gimnasios no son lugares para mí. Es más, estoy moralmente en contra de los gimnasios y nunca sería amiga de mis compañeras de gimnasia. Nunca sé qué decir en el vestuario, las profesoras me sacan de quicio con sus grititos (todas tienen voces agudas) y ni hablemos de la música.
Volví a nadar.
POST-ADOLECENCIA
Después de salir del período frívolo hice una especie de cambio rarísimo y me transformé en algo así como una grunge que le buscaba un sentido a las cosas (a TODAS las cosas), incluso al deporte: gran error. En esa época visitaba un diván varias veces por semana, estudiaba literatura, y andaba disfrazada de algo que mi madre caracterizó un día como "perro de carrito". Gracias mamá. Pero seguía con mi afán de movimiento y me pareció que la danza contemporánea podía colmar mis intereses. Era ejercicio, pero era expresivo, me iba a conectar con mi cuerpo y sacarme tanto de lo mental, bla bla bla. Caí en un prestigioso centro de danza contemporánea haciendo una cosa que se llama "armonización y danza". Otra vez, Juana: error.
Era, básicamente, expresión corporal con música, personas con pañuelos y calzas de colores, todas conectadas (o intentando) con su cuerpo, su alma, su aura, mucho toqueteo entre todos (las clases eran mixtas) mucho dejate ser y la puta que los parió. Como estaba en plena búsqueda del Sentido del Ser, me obligué a entender de qué iba la movida y yo también a conectarme con no sé qué. Estuve un año y algo hasta que me ofrecieron tomarme mi propio pichí como manera de purificación. Sí, tiene un nombre, se llama urinoterapia y todo tiene un límite. Chau danza o lo que diablos fuera eso que estaba haciendo.
Me puse a estudiar de verdad, como una posesa, me dejé de estupideces y arranqué yoga, que no es un deporte pero es una práctica maravillosa que recomiendo a todo el mundo.
JOVEN ADULTA
Me fui del país: chau yoga :(
En mi patria putativa volví a mi valor refugio: la piscina. Y ahí descubrí las piscinas públicas, que son un invento que en nuestro país no existe más pero que debería. Muy accesibles y hay una en cada barrio. Así me pasé años, disfrutando del nado. Hice una breve incursión (no puedo con mi genio) por la danza africana que, para mi propio asombro, es uno de los deportes que más se adapta a mis gustos. Estás bailando, moviéndote como una demente y nadie te habla de flores de bach ni de brotes de soja. Puro ritmo y tierra. Excelente. Hay que importarla con urgencia.
Volví al país: chau danza africana, chau piscinas públicas :(
Hola yoga :)
Después chau yoga :( (me mudé)
Me puse a leer sobre artes marciales y, como siempre, me iluminé (otra vez). Lo que yo tenía que hacer ERA AIKIDO! Increíble que no se me hubiera ocurrido antes. Encontré un dojo cerca de casa y arranqué con la ilusión de volverme menos ansiosa, más sabia, más flexible, más tolerante, con mayores reflejos. En fin, había encontrado la solución a mis problemas y además ya era una experta en el arte marcial japonés; me leí todo lo que pasó por mis manos. Los primeros meses me lastimé mucho y después me agarré una enfermedad fiera (no por el aikido) y tuve que abandonar toda actividad física. Chau aikido, el gusto fue todo tuyo. Eso sí, decidí que si tengo hijos, los voy a mandar a aikido desde chiquitos y ahorrarles el sinuoso camino que tuve que atravesar. Además seguro que si hacen aikido desde chicos les va a ir bárbaro en la vida y no se van a acercar a las drogas.
Después de que me recuperé de la enfermedad que casi me lleva puesta (tema para otro post), de la que salí más sabia al experimentar mi propia mortalidad (mentira), digamos que achiqué un poco con la búsqueda del movimiento adecuado y volví al valor refugio un tiempo. PERO, la sabiduría me duró poco y volví a iluminarme. Lo que yo tenía que hacer SEGURO era PILATES. Y no solamente pilates, si no que me tenía que despertar a las 8 de la mañana para hacer pilates! Brillante! Duré un mes... Recomiendo el pilates igual, las chicas quedan divinas cuando hacen pilates (más de un mes).
Como soy una lumbrera y no paro de tener ideas excelentes, me pareció que, a lo que tenía que volver, era a la gimnasia... O sea, retrocedí algo así como 10 casilleros y volví a tropezarme con la misma piedra, casi doce años después. Lo único bueno que resultó de eso fue... nada. Experimenté todo otra vez como cuando era adolescente. Un día estaba haciendo bicicleta fija (dios, qué es eso!) mientras el profesor-dictador me controlaba y cuando no habían pasado ni cinco minutos, le digo al tipo: "fa, sabés que me acabo de acordar de algo y me tengo que ir". Y no volví nunca más.
Y ahora, amigos, luego de esta larga, traumática y negadora travesía, he vuelto a nadar. No hay nada como un viejo conocido. Hasta nuevo aviso.
domingo, 3 de abril de 2011
Fuck is fuck, dog is dog
Hace muchos años vi una película que no me cambió la vida pero me enseñó algo importante. Es la historia de una inglesita cuarentona de clase media, de esas que viven en barrios de ladrillos todos iguales que, cansada de su marido prescindente y de su vida suburbana, se emancipa, se compra un pasaje para Grecia y parte en busca de aventuras. La regordeta cambia el gris por el celeste y se sumerge en parajes exóticos, sensaciones soñadas, quesos, aceitunas negras y tomates. Y griegos. En un momento conoce a un tipo (que resulta muy latino para ella) que la seduce y la invita a pasear en su barco. Ella, entre halagada y avergonzada, acepta el convite pero le aclara que está casada y que en fin, que no se haga ilusiones. El griego, un tipo encantador, la agarra de los hombros, la mira a los ojos y le dice: fuck is fuck, boat is boat.
Esa frase, una cosa es una cosa y otra cosa es un paraguas, quedó grabada en mi cabeza y desde entonces la repito como un mantra cuando tengo que distinguir cosas.
Ahora tengo un perro.
Hace dos semanas que tengo un perro y paradójicamente he descubierto más cosas del comportamiento humano que del perruno, ya verán por qué.
Introducción.
Al perro lo encontraron en la calle malherido y asustado, con actitud de can mojado pero seco, rengueando, perdido. Por esas cosas de la vida terminó en mi casa y decidí quedármelo. Me encariñé con el bicho del INAU y me pareció que en fin, que si puedo tener plantas, que si tuve gatos, que si estoy capacitada para cuidar a un niño más de una hora sin que se lastime, que si tengo espacio, que si tengo tiempo y ganas, por qué no. Y así llegamos a casa una madrugada de domingo los dos asustadísimos. Entramos a casa, yo no sabía si hablarle o si tocarlo y opté por darle comida y un jogging viejo. Así, como para que se pusiera algo.
Petit (a): Primeras reacciones.
En el momento que empecé a contar que tenía un perro no tardaron en llegar mensajes de felicitaciones, palmaditas en la espalda (un perro es un amigo), comentarios asustados (estás segura?!), conocimientos de causa (vas a ver ahora cómo te cambia la vida) y otra sarta de cosas que no sabría cómo clasificar pero que fueron desde miradas de conmiseración (pobre, necesita compañía) hasta una frase gloriosa de una familiar obsesionada por mi estado civil: "Juanita dejate de embromar, casate y tenés hijos de una vez". Y fue en serio.
Pero la sensación general es que, desde que tengo un perro, la gente me quiere más.
Al parecer, cuando tenés un perro, la gente te quiere más. Yo antes tenía gatos y la gente me quería igual, o menos. Pero con los perros sos mejor persona, generosa, solidaria, cariñosa, tolerante, dadivosa, poco narcisista, menos ensismismada y sobre todo PRESENTE. Y una empieza, sin darse cuenta, a formar parte de una comunidad extrañísima.
Petit (b): Soy una mujer valiente (tengo huevos).
Antes que nada me gustaría aclarar que no soy una mujer valiente. Soy una gran cobarde, tan cobarde que me hacía caca en los pantalones sólo con pensar en un perro. No hablo perro, no sé qué hacer con un perro. Y más cobardía me daba pensar en tener que llevar al perro a un refugio, más cobardía me daba hacer campaña por el perro, en encontrarle un hogar. En más, me quedé el perro por pereza. Pereza y cobardía. Ahí tienen las razones del perro. Pero no. Al parecer desde que tengo un perro soy una tipa con huevos que tiene un perro.
Petit (c): Dos escuelas.
Luego de las primeras reacciones no tardaron en llegar los consejos. Yo insistí mucho en el hecho (porque me hace gracia) de que convivo con un lumpen, cosa que es verdad. Mi perro es un perro de la calle, con pinta de perro de la calle y actitud de perro de la calle. En el momento que cuento esto se generan dos cosas: 1) Las personas que me miran como si hubiera adoptado a un peruanito huérfano asustado. 2)Las personas que me miran como si hubiera adoptado a un peruanito huérfano asesino. Y ahí tenemos dos escuelas educativas: a) Tratalo con cariño que estuvo falto. b)Enseñale lo que es bueno porque es un salvaje.
Petit (d): El perro es el lobo del hombre.
Decía en el (c) que hay dos escuelas. Pero en este punto voy a tratar la escuela b).
A las personas que tienen perro, hablan perro y saben perro, les gusta mucho el poder. En el momento que empecé a indagar sobre cuestiones educativas perrunas descubrí facetas increíbles de la gente que me rodea. Esa gente que dice que le gustan los perros, esa gente cariñosa, generosa, dadivosa, solidaria y PRESENTE, son enfermos del poder (Y de animal planet).
La cosa es así. Los ancestros del perro son lobos y están acostumbrados al tema de la manada. En la manada siempre hay un macho alfa que manda y ese es quien tiene el poder y bla bla bla. Por lo tanto al perro hay que demostrarle que una es el macho alfa para que obedezca y sea un sumiso. El perro tiene que ser un SUMISO. Al perro le tenés que poder sacar la comida de la boca, agarrarlo cuando quieras, pegarle si es necesario (muchos insistieron en esto), que venga cuando lo llames y un enorme etcétera de genuflexias. Esa misma gente es la que despotrica contra los gatos porque son "indiferentes e independientes".
Bien. Entonces, básicamente, los amantes de los perros son unos enfermos que necesitan un bicho que les obedezca y les demuestre fidelidad y les den cariño que, por lo que veo, es más por miedo al palo que por otra cosa. Althusser y Foucault le erraron al foco. Basta con hablar con personas amantes de los perros para entender las relaciones de poder.
Petit (e): Terapia para perros.
Ayer mi perro me mordió. Sí. Esto, evidentemente, causó controversia entre las dos escuelas. Yo me asusté mucho. Perrito es un perro entrañable, cariñoso y juguetón pero un rebelde. No le gusta mucho que lo obliguen a hacer cosas, pero hace caca y pichí afuera y por ahora no me rompió nada, cosa que yo le agradezco, ya que para ser un peruano huérfano asesino se está portando bastante bien. Pero ta, dos por tres se revira, gruñe y tira tarascones. Y yo me asusto, lo que para los partidarios de la escuela b) es una ignominia. Juana: el perro reconoce tu miedo, demostrale quién es el amo, pegale, asustalo, maltratalo, dale palo pa' que aprenda.
A ver... Yo no quiero darle palo a nadie. Ayer me pelee con Perrito y quedé horrible. Evidentemente no soy un macho alfa porque terminé subida a mi cama con un champión gritando ridiculeces a un perro que no habla humano. Mi reacción a su tarascón fue miedo y angustia (mi perro no me quiere, no tengo autoridad ni agresividad, si tengo un hijo va a ser pastabasero y me va a vender la tele) y terminé llamando a un amigo para que me asistiera en esa guerra de los Roses canina.
Los de la escuela a) evidentemente fueron más comprensivos y me exigieron paciencia. Porque los de la escuela a) comparten la teoría del perro maltratado, un perro asustado que reacciona por miedo y se defiende. Y yo quedé muy confundida. Ahora mismo no sé si convivo con Hannibal Lecter o Tarzán.
Y en medio de esta confusión acudí a lo único que conozco: la terapia. LLamé a un psicólogo de perros para que me aconsejara y, lo que me faltaba, voy a tener un perro analizado.
Conclusión:
Tengo un perro. No soy más querible, ni más necesitada, ni necesito compañía ni soy valiente. No soy más generosa ni PRESENTE. No me gustan las relaciones de poder y no quiero pegarle a nadie. Me da miedo que me muerdan y no soy un macho alfa. La gente está enferma y tiene perros.
Me siguen gustando los gatos y no me importa que estén en la suya. Mis hijos van a ser pastabaseros y me van a vender la tele. Todo el mundo a mi alrededor está analizado. Tengo un perro. No sé qué va a pasar con nosotros. Si me va a matar o va a ser un compañero por un tiempo. Pero ahora, mientras escribo esto, está acostado abajo de mi escritorio esperando que me vaya a dormir mientras tiene sueños de perro.
Ah, y la inglesita y el griego terminaron fucking en el boat.
Esa frase, una cosa es una cosa y otra cosa es un paraguas, quedó grabada en mi cabeza y desde entonces la repito como un mantra cuando tengo que distinguir cosas.
Ahora tengo un perro.
Hace dos semanas que tengo un perro y paradójicamente he descubierto más cosas del comportamiento humano que del perruno, ya verán por qué.
Introducción.
Al perro lo encontraron en la calle malherido y asustado, con actitud de can mojado pero seco, rengueando, perdido. Por esas cosas de la vida terminó en mi casa y decidí quedármelo. Me encariñé con el bicho del INAU y me pareció que en fin, que si puedo tener plantas, que si tuve gatos, que si estoy capacitada para cuidar a un niño más de una hora sin que se lastime, que si tengo espacio, que si tengo tiempo y ganas, por qué no. Y así llegamos a casa una madrugada de domingo los dos asustadísimos. Entramos a casa, yo no sabía si hablarle o si tocarlo y opté por darle comida y un jogging viejo. Así, como para que se pusiera algo.
Petit (a): Primeras reacciones.
En el momento que empecé a contar que tenía un perro no tardaron en llegar mensajes de felicitaciones, palmaditas en la espalda (un perro es un amigo), comentarios asustados (estás segura?!), conocimientos de causa (vas a ver ahora cómo te cambia la vida) y otra sarta de cosas que no sabría cómo clasificar pero que fueron desde miradas de conmiseración (pobre, necesita compañía) hasta una frase gloriosa de una familiar obsesionada por mi estado civil: "Juanita dejate de embromar, casate y tenés hijos de una vez". Y fue en serio.
Pero la sensación general es que, desde que tengo un perro, la gente me quiere más.
Al parecer, cuando tenés un perro, la gente te quiere más. Yo antes tenía gatos y la gente me quería igual, o menos. Pero con los perros sos mejor persona, generosa, solidaria, cariñosa, tolerante, dadivosa, poco narcisista, menos ensismismada y sobre todo PRESENTE. Y una empieza, sin darse cuenta, a formar parte de una comunidad extrañísima.
Petit (b): Soy una mujer valiente (tengo huevos).
Antes que nada me gustaría aclarar que no soy una mujer valiente. Soy una gran cobarde, tan cobarde que me hacía caca en los pantalones sólo con pensar en un perro. No hablo perro, no sé qué hacer con un perro. Y más cobardía me daba pensar en tener que llevar al perro a un refugio, más cobardía me daba hacer campaña por el perro, en encontrarle un hogar. En más, me quedé el perro por pereza. Pereza y cobardía. Ahí tienen las razones del perro. Pero no. Al parecer desde que tengo un perro soy una tipa con huevos que tiene un perro.
Petit (c): Dos escuelas.
Luego de las primeras reacciones no tardaron en llegar los consejos. Yo insistí mucho en el hecho (porque me hace gracia) de que convivo con un lumpen, cosa que es verdad. Mi perro es un perro de la calle, con pinta de perro de la calle y actitud de perro de la calle. En el momento que cuento esto se generan dos cosas: 1) Las personas que me miran como si hubiera adoptado a un peruanito huérfano asustado. 2)Las personas que me miran como si hubiera adoptado a un peruanito huérfano asesino. Y ahí tenemos dos escuelas educativas: a) Tratalo con cariño que estuvo falto. b)Enseñale lo que es bueno porque es un salvaje.
Petit (d): El perro es el lobo del hombre.
Decía en el (c) que hay dos escuelas. Pero en este punto voy a tratar la escuela b).
A las personas que tienen perro, hablan perro y saben perro, les gusta mucho el poder. En el momento que empecé a indagar sobre cuestiones educativas perrunas descubrí facetas increíbles de la gente que me rodea. Esa gente que dice que le gustan los perros, esa gente cariñosa, generosa, dadivosa, solidaria y PRESENTE, son enfermos del poder (Y de animal planet).
La cosa es así. Los ancestros del perro son lobos y están acostumbrados al tema de la manada. En la manada siempre hay un macho alfa que manda y ese es quien tiene el poder y bla bla bla. Por lo tanto al perro hay que demostrarle que una es el macho alfa para que obedezca y sea un sumiso. El perro tiene que ser un SUMISO. Al perro le tenés que poder sacar la comida de la boca, agarrarlo cuando quieras, pegarle si es necesario (muchos insistieron en esto), que venga cuando lo llames y un enorme etcétera de genuflexias. Esa misma gente es la que despotrica contra los gatos porque son "indiferentes e independientes".
Bien. Entonces, básicamente, los amantes de los perros son unos enfermos que necesitan un bicho que les obedezca y les demuestre fidelidad y les den cariño que, por lo que veo, es más por miedo al palo que por otra cosa. Althusser y Foucault le erraron al foco. Basta con hablar con personas amantes de los perros para entender las relaciones de poder.
Petit (e): Terapia para perros.
Ayer mi perro me mordió. Sí. Esto, evidentemente, causó controversia entre las dos escuelas. Yo me asusté mucho. Perrito es un perro entrañable, cariñoso y juguetón pero un rebelde. No le gusta mucho que lo obliguen a hacer cosas, pero hace caca y pichí afuera y por ahora no me rompió nada, cosa que yo le agradezco, ya que para ser un peruano huérfano asesino se está portando bastante bien. Pero ta, dos por tres se revira, gruñe y tira tarascones. Y yo me asusto, lo que para los partidarios de la escuela b) es una ignominia. Juana: el perro reconoce tu miedo, demostrale quién es el amo, pegale, asustalo, maltratalo, dale palo pa' que aprenda.
A ver... Yo no quiero darle palo a nadie. Ayer me pelee con Perrito y quedé horrible. Evidentemente no soy un macho alfa porque terminé subida a mi cama con un champión gritando ridiculeces a un perro que no habla humano. Mi reacción a su tarascón fue miedo y angustia (mi perro no me quiere, no tengo autoridad ni agresividad, si tengo un hijo va a ser pastabasero y me va a vender la tele) y terminé llamando a un amigo para que me asistiera en esa guerra de los Roses canina.
Los de la escuela a) evidentemente fueron más comprensivos y me exigieron paciencia. Porque los de la escuela a) comparten la teoría del perro maltratado, un perro asustado que reacciona por miedo y se defiende. Y yo quedé muy confundida. Ahora mismo no sé si convivo con Hannibal Lecter o Tarzán.
Y en medio de esta confusión acudí a lo único que conozco: la terapia. LLamé a un psicólogo de perros para que me aconsejara y, lo que me faltaba, voy a tener un perro analizado.
Conclusión:
Tengo un perro. No soy más querible, ni más necesitada, ni necesito compañía ni soy valiente. No soy más generosa ni PRESENTE. No me gustan las relaciones de poder y no quiero pegarle a nadie. Me da miedo que me muerdan y no soy un macho alfa. La gente está enferma y tiene perros.
Me siguen gustando los gatos y no me importa que estén en la suya. Mis hijos van a ser pastabaseros y me van a vender la tele. Todo el mundo a mi alrededor está analizado. Tengo un perro. No sé qué va a pasar con nosotros. Si me va a matar o va a ser un compañero por un tiempo. Pero ahora, mientras escribo esto, está acostado abajo de mi escritorio esperando que me vaya a dormir mientras tiene sueños de perro.
Ah, y la inglesita y el griego terminaron fucking en el boat.
miércoles, 20 de octubre de 2010
historia de cómo hay un señor que se lleva mis cosas
Aquellos lectores que hayan seguido mi saga inmobiliaria sabrán que una de las razones por las cuales me mudé de ranchoapart fue porque un día entró un señor por mi ventana mientras yo dormía. El amigo de lo ajeno se llevó un par de pavadas y se fue como perico por mi casa. Por este y otros motivos, no sólo cambié de casa sino que también cambié de barrio y ahora vivo en un lugar de lo más distinguido. Antes vivía en una casa de altos, ahora en una planta baja que da a la calle con una ventanas que tienen una rejas pero de esas que tienen cuadrados.
Mi ecuación al mudarme fue la siguiente:
Barrio menos marginal + cuadra transitada + rejas de ésas con cuadrados = seguridad garantizada = felicidad asegurada.
Mi living está divido en dos. Una parte salón, señora, otra parte escritorio. En mi parte escritorio tengo un escritorio, faltaba más, que da a una de las ventana con rejas que da a la calle. Me pareció un buen lugar para poner el escritorio porque me gusta trabajar frente a una ventana, me gusta la luz que entra y me gusta no estar demasiado aislada.
Ahora que los días están más lindos, me da por abrir mis ventanas con postigones y dejar que entre el aire y la luz. Uno de esos tantos días que disfrutaba de esa posibilidad, cometí el error de ir al baño. Y pasó lo siguiente:
ventana abierta (aunque tiene rejas) + urgencia de hacer pichí+ celular arriba del escritorio que da a la calle = no más celular.
Tardé en darme cuenta porque simplemente no podía creer que en pleno día
un transeúnte manoteara algo de adentro de mi casa. Increíble no? Pero cierto.
Quedé un poco traumatizada y bastante molesta.
A los tres días salí de mi casa a trabajar y cuando llego me encuentro con que la ventana y postigones de mi escritorio estaban abiertos y mi computadora ya no estaba. Tardé en darme cuenta pero esto fue lo que pasó:
postigones mal cerrados + ir a trabajar+ computadora arriba del escritorio contra la ventana + LADRON QUE YA SABE QUE HAY UNA COMPUTADORA PORQUE ME ROBÓ EL CELULAR = ausencia de computadora (a pesar de que las rejas son cuadradas, eso es un misterio)
Esta vez quedé muy traumatizada y todavía sigo haciendo el duelo. Y para peor ya no puedo dejar nada en el escritorio de mi casa porque si me distraigo y dejo la ventana abierta hay un señor que pasa y se lleva mis cosas. Así nomás.
Sé que puede parecer un poco ingenuo y dicen que la calle está complicada, pero aún no puedo creer que pase alguien, meta mano y siga de largo.
Por favor, no me respondan con que los pastabaseros igual te matan por 50 pesos y que ya no se puede vivir en esta ciudad porque te secuestran express y que el otro día le robaron a una tía en pleno día en 18. Sé que son cosas que pasan y también que soy una boluda.
Pero a mí hay tipo que me está cagando.
Leer este post escuchando "cotton" de los Mountain Goats. Si quieren.
Todo "señor" puede ser remplazado por "señora".
Mi ecuación al mudarme fue la siguiente:
Barrio menos marginal + cuadra transitada + rejas de ésas con cuadrados = seguridad garantizada = felicidad asegurada.
Mi living está divido en dos. Una parte salón, señora, otra parte escritorio. En mi parte escritorio tengo un escritorio, faltaba más, que da a una de las ventana con rejas que da a la calle. Me pareció un buen lugar para poner el escritorio porque me gusta trabajar frente a una ventana, me gusta la luz que entra y me gusta no estar demasiado aislada.
Ahora que los días están más lindos, me da por abrir mis ventanas con postigones y dejar que entre el aire y la luz. Uno de esos tantos días que disfrutaba de esa posibilidad, cometí el error de ir al baño. Y pasó lo siguiente:
ventana abierta (aunque tiene rejas) + urgencia de hacer pichí+ celular arriba del escritorio que da a la calle = no más celular.
Tardé en darme cuenta porque simplemente no podía creer que en pleno día
un transeúnte manoteara algo de adentro de mi casa. Increíble no? Pero cierto.
Quedé un poco traumatizada y bastante molesta.
A los tres días salí de mi casa a trabajar y cuando llego me encuentro con que la ventana y postigones de mi escritorio estaban abiertos y mi computadora ya no estaba. Tardé en darme cuenta pero esto fue lo que pasó:
postigones mal cerrados + ir a trabajar+ computadora arriba del escritorio contra la ventana + LADRON QUE YA SABE QUE HAY UNA COMPUTADORA PORQUE ME ROBÓ EL CELULAR = ausencia de computadora (a pesar de que las rejas son cuadradas, eso es un misterio)
Esta vez quedé muy traumatizada y todavía sigo haciendo el duelo. Y para peor ya no puedo dejar nada en el escritorio de mi casa porque si me distraigo y dejo la ventana abierta hay un señor que pasa y se lleva mis cosas. Así nomás.
Sé que puede parecer un poco ingenuo y dicen que la calle está complicada, pero aún no puedo creer que pase alguien, meta mano y siga de largo.
Por favor, no me respondan con que los pastabaseros igual te matan por 50 pesos y que ya no se puede vivir en esta ciudad porque te secuestran express y que el otro día le robaron a una tía en pleno día en 18. Sé que son cosas que pasan y también que soy una boluda.
Pero a mí hay tipo que me está cagando.
Leer este post escuchando "cotton" de los Mountain Goats. Si quieren.
Todo "señor" puede ser remplazado por "señora".
lunes, 18 de octubre de 2010
Blogus interruptus
Hace unos quince días estaba preparando un maravilloso post para este fantástico blog. Como quería que quedara lindo hice lo que no hago nunca, relegué mi ansiedad y lo dejé reposar antes de publicarlo. En el medio vino un ladrón y me robó la computadora. Sé que parece una excusa del tipo del perro que se come la tarea, pero juro que es cierta. Sí, soy una infeliz. En un próximo post les cuento cómo fue.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Cementerio de luciérnagas
En el metro hay una señorita flaca con ropa de tercera mano masticando una baguette. Debe vivir en un apartamento chico y viejo pero con cierto estilo, pienso. Seguro que se compra verduras en el marché de los domingos, trabaja en una asociación de ayuda a algún país tercermundista y en su casa acumula objetos étnicos comprados en un viaje exótico. Estoy en París.
Al lado de la señorita flaca de championes de lona está una familia de negros que no se ven por allá, de esos de verdad, segunda o tercera generación de una ex colonia.
París subterráneo está sucio y lleno de miedo, de locos y de turistas. París terráneo es un museo extramuros, suerte de escenografía monumental que hace suspirar en cada ochava.
Los parisinos, en general, relinchan y están de malhumor por el ritmo de una ciudad que oscila entre el trote de la metrópolis y la cadencia de un poema del siglo XIX.
Todo en París es anacrónico, la que otrora fue la ciudad Luz hoy se dibuja con brillos de antaño y rastros de otros tiempos.
Estamos tomando un café en Montmartre y se nos acerca un viejo pseudomarginal a ofrecernos un poema "de autoría propia" por un euro "para comer". Le decimos no gracias y no le importa, empieza a recitar algo que no se entiende mucho y se lleva su euro. Se lo dimos para que se fuera. Al parecer siempre funciona así.
En la otra punta de la ciudad está el museo de arte moderno y contemporáneo que parece decir que la ciudad sigue estando vigente. Siempre vuelvo a ese lugar y reconfirmo que no entiendo un arte que es puro concepto. Me aburro y sigo. Caigo en una exposición de una francesa de moda (es el ciclo "arte por mujeres") y me veo rodeada de fotos de restos de ciudades palestinas con sus autóctonos... Pienso que las fotos de Rogério tienen mucha más fuerza y que deberían estar ahí. Pero Rogério no es una mujer francesa. Voy hasta el urinario de Duchamp encerrado en una caja de vidrio, me emociono un poco la verdá. Después pienso que hay varios de ésos dando vuelta por el mundo y me da un poco de rabia, aunque esa era la idea.
En el metro hay árabes escuchando su propia cumbia a todo lo que da. La gente tiene miedo de que tengan bombas atadas a sus cuerpos. Todo el tiempo las personas temen la explosión. El metro se ve interrumpido por la presencia de un paquete sospechoso. Ya está, cagué, pienso, cagué fuego y estoy sola en metro de París. No quería terminar así. Pero el metro arranca otra vez y se vuelve a interrumpir. Esta vez es la culpa de un tipo que se tiró a las vías. Malditos suicidas, no tienen consideración alguna. Por qué no se tiran del sena y se dejan de joder? Voy a llegar tarde a trabajar por la culpa de presuntos terroristas y suicidas. Le comento eso a una amiga más tarde y me dice que todos los días es igual.
Pero la magia, la magia existe ahí. Una magia herrumbrada y con olor a humedad que confunde los tiempos, la gloria y los organillos.
Al lado de la señorita flaca de championes de lona está una familia de negros que no se ven por allá, de esos de verdad, segunda o tercera generación de una ex colonia.
París subterráneo está sucio y lleno de miedo, de locos y de turistas. París terráneo es un museo extramuros, suerte de escenografía monumental que hace suspirar en cada ochava.
Los parisinos, en general, relinchan y están de malhumor por el ritmo de una ciudad que oscila entre el trote de la metrópolis y la cadencia de un poema del siglo XIX.
Todo en París es anacrónico, la que otrora fue la ciudad Luz hoy se dibuja con brillos de antaño y rastros de otros tiempos.
Estamos tomando un café en Montmartre y se nos acerca un viejo pseudomarginal a ofrecernos un poema "de autoría propia" por un euro "para comer". Le decimos no gracias y no le importa, empieza a recitar algo que no se entiende mucho y se lleva su euro. Se lo dimos para que se fuera. Al parecer siempre funciona así.
En la otra punta de la ciudad está el museo de arte moderno y contemporáneo que parece decir que la ciudad sigue estando vigente. Siempre vuelvo a ese lugar y reconfirmo que no entiendo un arte que es puro concepto. Me aburro y sigo. Caigo en una exposición de una francesa de moda (es el ciclo "arte por mujeres") y me veo rodeada de fotos de restos de ciudades palestinas con sus autóctonos... Pienso que las fotos de Rogério tienen mucha más fuerza y que deberían estar ahí. Pero Rogério no es una mujer francesa. Voy hasta el urinario de Duchamp encerrado en una caja de vidrio, me emociono un poco la verdá. Después pienso que hay varios de ésos dando vuelta por el mundo y me da un poco de rabia, aunque esa era la idea.
En el metro hay árabes escuchando su propia cumbia a todo lo que da. La gente tiene miedo de que tengan bombas atadas a sus cuerpos. Todo el tiempo las personas temen la explosión. El metro se ve interrumpido por la presencia de un paquete sospechoso. Ya está, cagué, pienso, cagué fuego y estoy sola en metro de París. No quería terminar así. Pero el metro arranca otra vez y se vuelve a interrumpir. Esta vez es la culpa de un tipo que se tiró a las vías. Malditos suicidas, no tienen consideración alguna. Por qué no se tiran del sena y se dejan de joder? Voy a llegar tarde a trabajar por la culpa de presuntos terroristas y suicidas. Le comento eso a una amiga más tarde y me dice que todos los días es igual.
Pero la magia, la magia existe ahí. Una magia herrumbrada y con olor a humedad que confunde los tiempos, la gloria y los organillos.
miércoles, 21 de julio de 2010
Seducida, abandonada, y emancipada
No fui víctima de violencia doméstica en el sentido estricto del término, pero sí cargo con moretones mentales por culpa de lo acontecido en un hogar problemático- el mio- que luego de mucho trabajo, pude abandonar.
Al igual que una mujer golpeada, me fasciné al principio, me enamoré luego, fui ignorando defectos por querer abrazar el todo, negué evidencias, me hice la pelotuda, lloré en silencio mientras lo halagaba en público maquillando los golpes. Cuando supe que nada podía arreglarse empecé a mirar afuera; pero eso sólo hizo que lo quisiera más. Tuve miedo y me resigné al malestar hasta que, luego de un largo proceso, acepté con amargura la verdad que nadie quiere conocer: nunca me quiso.
En un año de relación me las jugó toditas, mientras me susurraba sus "soy amplio y muy barato, soy de altos y luminoso, soy todo lo que soñaste, nunca vas a encontrar nada como yo". Maldito embustero 60mts, 1dorm, baño/coc/y demás, todo al fte.
El muy hijo de puta empezó jugando rudo, me zampó una inundación aprovechando una estadía en Buenos Aires y desde ese día no paró. Cuando todo parecía arreglarse, atacaba por otro flanco, dejaba entrar gente, era permeable a cumbieras bipolares. Y así me fue erosionando de a poco, dejándome sin armas, tan débil, tan llena de odio.
Pero se terminó. Y en el momento que se lo dije, se derrumbó.
Y ahora me voy para otros lares, a empezar una vida feliz, rodeada de paredes secas, a prueba de vecinos psicóticos, donde nadie podrá entrar por la ventana y donde todo será puro, purísimo, amor.
Al igual que una mujer golpeada, me fasciné al principio, me enamoré luego, fui ignorando defectos por querer abrazar el todo, negué evidencias, me hice la pelotuda, lloré en silencio mientras lo halagaba en público maquillando los golpes. Cuando supe que nada podía arreglarse empecé a mirar afuera; pero eso sólo hizo que lo quisiera más. Tuve miedo y me resigné al malestar hasta que, luego de un largo proceso, acepté con amargura la verdad que nadie quiere conocer: nunca me quiso.
En un año de relación me las jugó toditas, mientras me susurraba sus "soy amplio y muy barato, soy de altos y luminoso, soy todo lo que soñaste, nunca vas a encontrar nada como yo". Maldito embustero 60mts, 1dorm, baño/coc/y demás, todo al fte.
El muy hijo de puta empezó jugando rudo, me zampó una inundación aprovechando una estadía en Buenos Aires y desde ese día no paró. Cuando todo parecía arreglarse, atacaba por otro flanco, dejaba entrar gente, era permeable a cumbieras bipolares. Y así me fue erosionando de a poco, dejándome sin armas, tan débil, tan llena de odio.
Pero se terminó. Y en el momento que se lo dije, se derrumbó.
Y ahora me voy para otros lares, a empezar una vida feliz, rodeada de paredes secas, a prueba de vecinos psicóticos, donde nadie podrá entrar por la ventana y donde todo será puro, purísimo, amor.
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